Silvia Pimentel es una reconocida
activista feminista brasileña. Actualmente integra el Comité
de la ONU que monitorea el cumplimiento de la Convención
sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación
contra la Mujer (conocida por su sigla en inglés, Cedaw), el
tratado internacional más importante para la defensa de los
derechos de las mujeres. De visita en Buenos Aires, señaló
que está “feliz” por la elección de una mujer como
presidenta de Argentina por el “valor simbólico” que implica
que la máxima autoridad política lleve polleras. Pero al
conocer su posición en contra de las despenalización del
aborto, quiso mandarle un mensaje: “Yo le diría a Cristina
Kirchner que tiene que separar sus creencias personales y su
religiosidad –a las que yo respeto mucho–, pero no puede
confundirlas con su obligación como jefa de Estado de
Argentina de respetar la realidad, las necesidades y las
reivindicaciones de las mujeres de su país. No basta con que
la mujer esté en puestos de decisión, no es suficiente. Es
necesario que esas mujeres, que Cristina Kirchner sea
sensible y más, esté comprometida, con las demandas y las
causas de las mujeres de su país”, consideró Pimentel,
durante una entrevista de Página/12, en la que además
explicó para qué les puede servir a las argentinas recurrir
al Comité de la Cedaw.
Pimentel llegó el martes al país, como parte de una
misión especial del Instituto Interamericano de Derechos
Humanos (IIDH), con sede en Costa Rica, al conmemorarse un
año de la ratificación del Protocolo Facultativo de la Cedaw,
el anexo de la Convención que permite llevar denuncias al
Comité que monitorea ese tratado de casos puntuales o
violaciones sistemáticas de derechos de las mujeres por
parte del Estado parte. Durante su paso por Buenos Aires,
Pimentel se reunió con integrantes de ONG de mujeres y
funcionarios del Gobierno. El viernes participó de un
Congreso de Género y Derechos Humanos organizado en La Plata
por el IIDH y la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales
de la UNLP.
Esta brasileña con más de treinta años de lucha feminista
es abogada, madre de cuatro hijos y abuela de varios nietos.
Fue una de las fundadoras del Comité de América latina y el
Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem)
y del Iwraw (Internacional Women’s Rights Action Watch), la
primera ONG internacional dedicada a la tarea política de
vigilar el funcionamiento del Comité Cedaw, desde la
perspectiva del movimiento de mujeres. Hoy, Pimentel es una
de los veintitrés miembros del Comité Cedaw, además de
profesora de Filosofía del Derecho de la Pontificia
Universidad Católica de San Pablo, Brasil.
–¿Para qué les puede servir a las mujeres de
Argentina que el país haya ratificado el Protocolo
Facultativo de la Cedaw?
–La Convención Cedaw es la carta magna de los derechos de
las mujeres, importantísima, pero no daba a las mujeres
individualmente o a organizaciones la posibilidad de acceder
al Comité Cedaw con denuncias sobre violaciones de los
derechos humanos de las mujeres por parte del Estado, sea
por acción o por omisión. El Comité es casi un órgano
jurídico y el Protocolo Facultativo abre la posibilidad de
presentar allí denuncias –se llaman comunicaciones– de casos
particulares. Pero además, hay un artículo en el Protocolo
Facultativo, el octavo, sobre el cual quiero poner especial
énfasis, que tiene una dimensión todavía no bien percibida
por las mujeres. Dice textualmente ese artículo: “Si el
Comité recibe información fidedigna que revele violaciones
graves o sistemáticas por el Estado parte de los derechos
humanos enunciados de la Convención, el Comité invitará a
este Estado parte a colaborar con el examen de la
información y a esos efectos a presentar observaciones sobre
dicha información”.
–¿Qué situaciones se podrían denunciar?
–A mi juicio es una violación grave y sistemática de
parte del Estado parte –y esto pasa tanto en Argentina como
en mi país, Brasil– la negación del acceso al aborto que
está permitido por el Código Penal. Sistemáticamente las
mujeres que lo reclaman no tienen la posibilidad de
realizárselo o tienen que enfrentar obstáculos. Es una
violación grave porque muchas mueren al no acceder a un
aborto.
–Justamente este año murió en la provincia de Santa Fe
una joven, Ana María Acevedo, después de que se le negara un
aborto terapéutico en un hospital público. Y recientemente
fue admitido en el Comité de Derechos Humanos de la ONU otro
caso, el de una adolescente discapacitada mental que fue
abusada sexualmente y tuvo que recurrir a una clínica
privada para interrumpir el embarazo, a pesar de contar con
un fallo de la Corte bonaerense que avalaba su pedido...
–Esos casos se podrían denunciar ante el Comité Cedaw. Y
hay otros casos de abusos sistemáticos de los derechos de
las mujeres, como los casos de niñas y jóvenes en situación
de trata. No quiero disminuir la importancia de las
denuncias individuales, pero la denuncia de situaciones de
violación sistemática y grave tiene un aspecto político
macro, una importancia fantástica. Hasta ahora, de los más
de diez casos que hemos recibido en el Comité, uno solo se
refiere a una violación grave y sistemática y tiene que ver
con los crímenes de mujeres en Ciudad Juárez, en México.
–¿Qué resolvió el Comité en ese caso?
–El Comité no es un tribunal. Se promovieron
investigaciones, se demandó al gobierno estudios,
evidencias. Este mecanismo tiene un efecto importante, que
es llamar la atención del Estado parte –en este caso México–
de que algo debía haber hecho para evitar esa situación.
Hace unos días en Brasil salió a la luz que una adolescente
de 15 años había pasado 20 días en una cárcel de adultos con
hombres en la misma celda. Para comer, los presidiarios le
exigían relaciones sexuales, si no le quitaban la comida.
Algo terrible. Esto ocurrió en el estado de Pará, en el
norte del país. ¿Por qué lo menciono? Cuando el escándalo
apareció, la gobernadora de Pará fue entrevistada por los
medios de comunicación y dijo que eso era muy frecuente, que
no era una novedad. Al escucharla, pensé: es un caso para
utilizar el artículo 8º del Protocolo Facultativo. Es
gravísimo y sistemático. Hay que pensar en aprovechar este
mecanismo.
–Usted es una reconocida luchadora por la
despenalización del aborto. ¿Por qué sostiene que debe
despenalizarse?
–Siempre digo que no estoy a favor del aborto sino de su
despenalización. ¿Por qué? Porque no se puede criminalizar a
mujeres que dicen “no puedo tener un bebé”. Yo pienso que el
aborto no es un método de anticoncepción, pero es una
posibilidad para una mujer que entiende que no puede, no
debe o no quiere tener un hijo. Yo soy madre de cuatro
hijos. Un hijo debe ser deseado para ser amado. No se puede
obligar a una mujer a tener un hijo, el Estado no puede
decir que una mujer tiene que tener un hijo si quedó
embarazada. Es algo muy personal, muy íntimo. Elegir su vida
es un derecho que las mujeres tienen que tener. Como mamá y
como abuela de varios nietos pienso que es una falta de
sensibilidad y de respeto del Estado hacia los mismos niños
que pueden nacer en esas circunstancias. Vivir es difícil,
pero vivir llegando así, sin ser deseado, es a su vez más
difícil: es horrible.
–Como sabrá, es la primera vez que la Argentina
elige a una mujer como presidenta...
–¡Felicitaciones, Argentina!
–Cristina Kirchner ha manifestado que está en
contra de la despenalización del aborto. ¿Qué opina?
–Me encantaría enviarle un mensaje a través de este medio
a la presidenta electa. En primer lugar, le quiero decir que
acompañé muy feliz su elección. Soy feminista desde hace más
de 30 años y fue una alegría muy grande para mí ver que las
dos principales candidatas eran mujeres. A Lilita (Carrió)
también la respeto. En segundo lugar, le quiero decir a
Cristina Kirchner que es muy bueno que haya resultado electa
porque tiene un valor simbólico muy grande: tenemos una
mujer como la más alta política en Argentina, una más en
Latinoamérica. Pero no basta con que la mujer esté en
puestos de decisión, no es suficiente. Es necesario que
estas mujeres, que Cristina Kirchner sea sensible y más,
esté comprometida con las demandas y las causas de las
mujeres de su país. Yo le diría a Cristina Kirchner que
respeto muchísimo las creencias religiosas de las personas,
pero lo que espero es que ella sea una jefa de Estado al
ocuparse de los derechos y la salud pública. Hay que separar
sus creencias personales y su religiosidad. No puede
confundirlas con su obligación como jefa de Estado de
Argentina de respetar la realidad, las necesidades y las
reivindicaciones de las mujeres de su país. Es un desafío.
Sé que no es fácil porque estamos viviendo una exacerbación
de los fundamentalismos. Y debo decir que en América latina
y el Caribe tenemos manifestaciones muy oscuras de
retrocesos, incluso, a partir de acciones fundamentalistas
como es la derogación del aborto terapéutico en Nicaragua.
Pero no podemos retroceder: hay que proseguir en la defensa
de los derechos de las mujeres.
–Usted es profesora en la Universidad Católica de
San Pablo. ¿No ha tenido problemas para dar clases por sus
posiciones feministas?
–La Universidad Pontificia de San Pablo, en Brasil, es
una universidad considerada de vanguardia. En el momento de
la dictadura se manifestó en contra de los militares e
incluso estuvo abierta a recibir profesores echados de
universidades estatales. Luchamos y somos un símbolo en
Brasil por las libertades democráticas. Por eso, creo,
siempre respetaron mi libertad de expresión y de opinión. De
todas formas, hay esfuerzos para sacarme por parte de grupos
llamados provida que están haciendo un monitoreo de lo que
hago en el Comité Cedaw.
–¿La vigilan?
–Sí, y dicen que no es posible que yo esté diciendo las
cosas que digo y sea profesora de una universidad católica.
Estoy bajo vigilancia pero felizmente, la razón y el respeto
guían a la Arquidiócesis de San Pablo y a la Universidad
Católica.
–¿Hacia dónde debería avanzar el gobierno
argentino para prevenir y erradicar la violencia de género?
–Todos los países de América, por no hablar del mundo,
hacen menos de lo que deberían hacer en ese sentido. Por
ejemplo, escuchando a ONG de Argentina me enteré de que en
la provincia de Buenos Aires hay sólo un refugio para
mujeres que sufren violencia. No lo puedo creer. La
Convención Interamericana de Belem do Pará habla de
prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las
mujeres. Se debe hacer mucho más para prevenir, que es el
primer paso, pero cuando no es suficiente la prevención hay
que proteger a las mujeres. ¿Cómo puede haber un solo
refugio? Es lamentable. Esta es una grave y sistemática
violación de los derechos humanos de las mujeres por parte
del Estado por omisión.