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EL ABORTO Y LA DOBLE MORAL
 
 

EL ABORTO Y LA DOBLE MORAL


Los abortos que las mujeres se practican en forma clandestina, generan problemas sociales y de salud; el problema central es que nos enfrentamos a una contradicción entre la práctica social y la ley, que perjudica, en forma desigual, a las mujeres de distintos estratos, haciendo que las menos privilegiadas asuman prácticamente, todos los riesgos de perder la salud y hasta la vida. Ese debería ser el tema central de la discusión acerca del proyecto de ley, para buscar la solución más racional y justa al problema; y no discusiones de tipo filosóficas que nos llevan a un punto muerto permanentemente

Habría que tener en cuenta que, cuando las cosas se miran en términos tajantemente dicotómicos, apocalípticos, sancionatorios, no se plantean con la intención de aportar a la solución de los problemas existentes, sino por la necesidad de rechazar una realidad que no se desea -o no se puede- admitir. Preguntémonos acerca de la racionalidad de la propuesta que plantea que las mujeres no deben hacer nada para evitar un embarazo y que la que se realiza un aborto debe recibir una sanción penal (porque las mujeres han abortado desde el comienzo de la historia y lo van a seguir haciendo) ¿Qué sería de la humanidad si las mujeres tuvieran los quince o más hijos que hoy les permitiría traer al mundo la extensión de su etapa fértil? ¿en qué cárceles encerraríamos a los 30 millones de mujeres que abortan año a año en el planeta? ¿y quién cuidaría en los años próximos a sus 60,100,200? millones de hijos, vivos y necesitados de cuidados?

De sólo plantear las preguntas nos surge lo absurdo del planteo que hoy se defiende para no despenalizar el aborto bajo ciertas circunstancias; y la convicción de que la racionalidad está mucho más del lado de quienes se muestran abiertos a reconocer una constante del comportamiento humano (femenino) y la necesidad de atenderlo, que quienes quieren imponer sus criterios de verdad -como los únicos válidos- a todas/os, sumiéndonos en el caos social (¿o es que han sacado las cuentas y no pretenden -en realidad- que lo que predican suceda, sino que no les importa que las mujeres más desprotegidas sigan corriendo riesgos, con tal de que toda la sociedad siga siendo rehén de su poder político/religioso?).

Sea como sea, el resultado de los discursos terroristas que actualmente se escuchan recaen principalmente sobre las mujeres más pobres que, hoy y aquí, continúan siendo las más vulnerables a ellos; por lo que muchas seguirán teniendo hijos que deben abandonar, dejar que se les mueran de hambre o alimentarlos prostituyéndose. ¿Es tan difícil entender que el maternaje, la tarea de anidar durante nueve meses un proyecto de ser humano del que no estamos seguras hasta que no lo vemos realizado, traerlo al mundo y luego alimentarlo, cuidarlo, atenderlo y protegerlo durante años, para convertirlo en persona, es una tarea costosa, desgastante, absorbedora de energías y tiempo, que requiere condiciones mínimas para que dé resultados valiosos?

Preguntémonos sobre la contradicción que manifiesta el discurso de la Iglesia Católica -y de otros eminentes católicos- ante la Comisión de Diputados, frente a las prácticas que predominan dentro de esa institución. ¿Por qué el Papa ha resuelto perdonar a los sacerdotes de su Iglesia que han cometido una violación contra niños y no expulsar a los que han cometido varias, sino ponerlos en el "congelador" por algunos años (al cabo de los cuáles pueden volver con todas sus prerrogativas). ¿No debería, entonces, perdonar a las mujeres que se sometieron a un aborto? O en su defecto, si condena a la excomunión automática a las mujeres que lo hicieron, ¿no debería hacer lo mismo con los violadores de su propia Iglesia, que él avaló como "pastores" espirituales de esos niños? ¿Por qué esas diferencias entre un "pecado" y otro? Esos hombres (todos los violadores de la Iglesia lo son) han destruído la confianza, la autoestima, la dignidad -por no decir la fe- de seres humanos completos, con una historia atrás y un futuro de autorrealización por delante. ¿No parece, acaso, que el Papa pone en primer lugar los intereses de su Iglesia y de sus "hermanos" frente a los de los fieles "de a pie", hechos a imagen y semejanza, etc.,etc.? ¿No parece que ese tratamiento, frente al otorgado a las mujeres, las coloca a éstas en una posición inferior en cuanto a su valor como personas? ¿Realmente, Cristo se sacrificó en la cruz para que las reglas de su iglesia fueran tan inequitativas? ¿Qué calidad moral poseen quienes se oponen a la ley, si son capaces de aceptar ese tipo de reglas que dejan sin protección o reparación ética a los más inocentes de entre nosotros, individuos con un yo, ideas, proyectos propios?, justo cuando la sociedad uruguaya está denunciando y reaccionando frente al maltrato y abuso infantil.

Recientemente, han circulado en la prensa norteamericana declaraciones de obispos violadores que hacen recaer el peso de su pecado en los jóvenes violados porque tuvieron conductas "seductoras" (la víctima se convierte en victimario). Ninguna autoridad eclesiástica ha salido a criticarlos o sancionarlos por semejante atrevimiento (aberración moral?) ¿Acaso no es el mismo argumento que han usado desde siempre los violadores de mujeres? Pero al menos éstos, cuando interviene la justicia independiente de un país, deben someterse a la sanción que la ley establece; mientras que en montones de casos de violadores dentro de la Iglesia Católica, ésta los ha amparado y ha usado todas sus influencias para evitar que corran la misma suerte que los otros (cambiándolos de país, de parroquia, de puesto, presionando para que no se presenten denuncias ante la justicia ordinaria).

Como ciudadanas/os de este país democrático, tenemos la obligación de reaccionar. No podemos seguir siendo rehenes de una institución autocrática y fundamentalista que insiste en que las reglas que establece deben ser universales (¿qué pasaría con el divorcio, con el matrimonio civil, con las prácticas de los fieles de otras confesiones, si nos sometiéramos a lo que predica con tanto autoritarismo? ¿pasaría todo a la clandestinidad que tiene el aborto hoy día?). Respeto mucho a los católicos y sus creencias, creo que Cristo dio muchas lecciones de humanidad; no puedo sentir lo mismo con respecto a una institución que se comporta como la Iglesia Católica y sus representantes, hoy día (la persecución del poder terrenal parece ser una elección inadecuada para ella).

Mientras el mundo sea como es y los que disponen de los recursos y ejercen el poder no den real prioridad al cuidado de la infancia y la adolescencia, de modo que su atención no dependa de una importante dedicación de cada mujer aislada en su hogar, ni implique que ella debe proveer la mayoría de los recursos para ello, muchas mujeres no traerán al mundo los hijos que quieran, sino los que puedan -responsablemente- traer. Por eso, ninguna norma moral , ni política de Estado que se les quiera imponer, les impide hasta hoy, decidir en cada caso, acerca de una nueva maternidad, incluso recurriendo al aborto -mujeres católicas también- y arriesgando sus vidas. Esa es la realidad, aunque cueste aceptarla; lo que nos permite identificar el problema y avanzar en la búsqueda de las soluciones más adecuadas al dilema que enfrentamos, así como incrementar la "transparencia" en nuestros acuerdos sociales -que buena falta nos hace si queremos romper con la doble moral que nos caracteriza-.

Nea Filgueira

 

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