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Uruguay
 
 

ELOGIO A LA MATERNIDAD


Susana Rostagnol (**)

En estos días en que el debate sobre la legalización del aborto está consitando un creciente interés dada la entrada del proyecto de ley al Parlamento para su tratamiento en la Cámara de Diputados, no pude escapar a mis propios pensamientos sobre la maternidad. La mayoría de las mujeres que hemos crecido en esta cultura judeo-cristiana queremos ser madres, nos imaginamos con panza, llevando a nuestros hijos a la playa, ayudándolos a hacer los deberes, y hasta nos imaginamos como nos vamos a llevar con nuestra nuera o yerno. Todo eso cuando el hijo o hija es sólo un deseo ... ¿sólo un deseo?; y me pareció que ahí estaba la clave de la maternidad: desearlo, con mayor o menor fuerza, eso cambia según las circunstancias que estemos viviendo; también existen períodos en nuestras vidas que el sólo pensamiento de un embarazo nos da escalofríos y no tenemos la más remota idea del agujero de la sociedad donde vamos a meter el gurí (y subrayo gurí porque no es un hijo, es un niño, un bebe, un gurí). Nosotras no estamos toda nuestra vida deseando un hijo; lo deseamos a veces, compartimos ese deseo con nuestros compañeros. Y muchas veces no lo queremos, no estamos dispuestas a la maternidad porque estamos solas o porque ya tenemos todos los hijos que deseábamos tener, o porque no tenemos plata para mantenerlo, o tenemos otros proyectos que queremos desarrollar antes de ser madres (para ser mejores madres también) o porque estamos angustiadas y no tenemos la capacidad emocional de dar todo lo que un hijo necesita que una madre le dé, o por mil otros motivos. Aún cuando no queremos tener hijos, muchas veces quedamos embarazadas. Oímos desde la iglesia, desde algún comentario de un compañero de trabajo, de la vecina que siempre está amargada, que tenemos que ser responsables "bien que te gustó hacerlo, ahora afrontá las consecuencias". Vamos al ginecólogo y le contamos que ese embarazo es un accidente, y le contamos nuestra situación, y nos dice, "pero señora, piense en el bebé, en lo lindo que son; y después del parto, piense que hacer para evitar esto!"

Muchas mujeres siguen adelante con esos embarazos no planificados porque ellas tienen que "ser responsables"; responsables de qué? Aparentemente deben ser responsables de que el Estado no incluya educación sexual en la curricula de primaria y secundaria; responsables de que la política de salud pública no incluya programas de salud sexual y reproductiva que proporcionen información adecuada, accesibilidad a métodos anticonceptivos y confidenciabilidad a todas y cada una de las mujeres del territorio nacional, responsables de que miembros de determinadas iglesias –cuyos credos y fe tal vez no comparta- tengan tranquilidad de conciencia de haber evitado que una mujer termine con la vida de un embrión –los mismos que quedan congelados y luego de cinco años se destruyen en los programas de reproducción asistida-; responsable de no cuestionar ciertas posturas que sólo ven en las mujeres un aparato de reproducción de la especie humana. Esa mujer no va a negarse al mandato supremo de la maternidad. ¿Realmente? ¿Es esa la maternidad? No, esa no es la maternidad. La maternidad resulta del amor, del amor por dar vida; no de la culpa o de la resignación por haber tenido sexo sin cuidado o porque el método utilizado falló y resultó un embarazo. ¿Alguien se ha puesto a analizar cuántos actos de violencia –física y simbólica- hacia niños, provienen de mujeres que no querían tener ese hijo? ¿Cuál es el grado de vulnerabilidad social de ese niño que no fue planificado ni querido, que come poco y mal y no conoce la higiene ni los juguetes? La mujer fue responsable, prosiguió el embarazo.

La maternidad no es un asunto de culpas, resignaciones o deber ser; es un asunto de amor, libertad y goce.

(*) Texto enviado al Semanario Búsqueda, Sección Carta de los Lectores, y que no fue publicado.

(**) Antropóloga, docente universitaria, integrante de CLADEM Uruguay, de la Red Universitaria de Género, etc.

 

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