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Sobre la votación en el Senado sobre Proyecto de ley de Salud Reproductiva.

 

Artículo de José Luis Casanova publicado en el semanario Siete sobre Siete el pasado lunes 17 de mayo

Fue el triunfo del rebaño machista sobre los derechos de la mujer

 ¿ Cómo trasmitir una reflexión desde la realidad que vive una mujer frente al infierno que significa tener que desprenderse de una esperanza en gestación? ¿ Cómo recorrer la literatura allí donde el infierno es metáfora de una realidad imaginaria, cuando el Pereyra Rossell se ha vuelto manifestación de lo humanamente imposible?

  Preguntas iniciales, simples marcas de una interrogación que no cesa de crecer en una época, la nuestra, la suya, la anterior, que por diversos y extraños caminos vuelve a toparse con los relatos del horror, con la presencia tan difícil de explicar, del mal absoluto asociado con el mal de la banalidad con las historias todas individuales pero tan trascendentes, con la marca en el orillo de la tragedia.

  Las palabras se opacan al intentar aproximarnos a esas historias poco contadas y menos trascendidas. Porque frente a acontecimientos donde los protagonistas son co – creadores con Dios, nos vemos enfrentados al lento y sistemático exterminio de mujeres por parte de una maquinaria tecnológico – racional montada específicamente para desarrollar hasta sus últimas consecuencias esa finalidad propuesta desde la crueldad del sistema, el lenguaje queda enmudecido, las venerables categorías de análisis de las ciencias sociales parecen estallar en mil pedazos al intentar explicar el horror infernal de una cama de hospital.

Pero también el lenguaje corre otro peligro no menos grave: su puesta al servicio de una mentalidad massmediática – tipo Zona Urbana y sus tratamientos amarillos – el pasaje de lo reducido en la memoria a la exposición prostibularia propia de los lenguajes de la industria del espectáculo asociada a otro fenómeno de época no menos significativo y peligroso: la apropiación política que el poder actual representado por 17 senadores, hace del acontecimiento individual, con infinidad de causales, del derecho de elección de la mujer, como un modo de convertirlo en historia juzgada y penalizada, cuya maldad incalificable e irracional ha quedado lejos de nuestro presente democrático y tolerante.

 Una mano levantada una condena aceptada

 La decisión de “los 17”  es mucho más que una condena a la mujer y sus derechos, el  lugar común donde se focaliza el infierno y la barbarie al cual son sometidas las mujeres que deciden interrumpir su embarazo.

 Primero se trató del “gran chantaje” formulado por Nicolás Cotugno; las mujeres como responsables de la postergación sin tiempo de la definitiva culminación de una historia de “pecado”, negando la discriminación, la pobreza económica y cultural..

  Segundo, fueron ciertas frases dichas en el Senado por “los 17” cuyo destino en la historia contradice profundamente lo que quisieron decir sus autores. Frases que dibujan un itinerario que los aleja de su sentido original, no hay frases que puedan permanecer atadas a un sentido, pero hay algunas que se sustraen más dramáticamente a las intenciones de sus mentores.

  Pero en esa lamentable sesión, la mujer se convirtió literalmente en una “otra” negada, rechazada, una errante en la sociedad, sin raíces, que contamina la sociedad “occidental y cristiana”; que es expulsada por el sistema que “los 17” dicen defender pero que en realidad no les interesa ponerse en la piel de esa “otra”. Estos señores culturizados para legislar desde sus concepciones de rebaño machista, no entendieron o no quisieron entender lo que la historia les estaba pidiendo porque, como ha manifestado la Coordinadora de la Campaña por la aprobación de la Ley de Defensa de la Salud Reproductiva: “Uruguay tiene la oportunidad de ser un país pionero en generar legislación que – explícitamente – promueva, respete y garantice los derechos sexuales y los derechos reproductivos en el marco  de la universalidad, integridad o indivisibilidad de los derechos humanos”, para agregar más adelante: “ cambiar la ley y asumir la situación sería, por lo tanto, un acto de responsabilidad impostergable que habilitaría soluciones problemáticas que exigen atención inmediata”. “Los 17” hicieron que la historia sólo anotara en su memoria la frustración de una sociedad que ha demostrado su madurez política para darle solución a la mujer sin penalizarla. Se ha introducido en la historia un capítulo de complicidad y un error político o, sin tal vez, la estupidez, la banalidad y la hipocresía como elementos determinados, que no podrán obviarse en un silencio posterior, ya que en ese callarse, en ese silencio habla lo imposible de la memoria y pende como una lápida ilevantable allí donde el derecho de la mujer no es escuchado ni reconocido.

 

Los más quedaron sin historia pero con  argumentos

 ¿ Cómo seguir trabajando por la defensa y promoción de los derechos sexuales y los derechos reproductivos con el lenguaje, cuando las palabras quedaron en el espacio silencioso del Senado suspendidas y comprometidas con el mal absoluto?

  Simplemente es impensable que la racionalidad de “los 17” hayan podido salir indemnes del terror que, tal vez, sin quererlos provocaron al no permitir la liberación de una tragedia que ya tiene 66 años y que seguirá sin legislarse.

  No dudamos que “los 17”  enfrentaron su subjetividad con su propia indignidad, desnudaron su barbarie que estaba agazapada en los pliegues civilizatorios de sus incuestionables prerrogativas de poder. No pasaron a la historia porque demostraron irrefutablemente el fracaso de la cultura democrática donde el bien de los más quedó hipotecado por una historia machista que los condicionaba.

  El hecho que una ley haya quedado en suspenso en medio de todo un consenso, de todo un nuevo concepto filosófico, ético y científico, encierra más contenido trascendente que sus fatuos racionamientos. En esos santuarios del espíritu conservador y fundamentalista, en la pretensión autoritaria de la decisión que rechaza un nuevo elemento cultural a la sociedad , junto con la crítica aparece como un elemento desechable, porque quien defiende la conservación de la cultura penalista, radicalmente culpable y gastada, se convierte en cómplice. Ni siquiera el silencio los libera de ese círculo infernal y los rescata de su culpabilidad, lo único que logran es racionalizar la propia incapacidad subjetiva con la situación de la verdad objetiva, degradando una vez más a ésta en una mentira.

  Lo despiadado del análisis de “los 17”, sus discursos contradictorios, implica que el universo imaginado e implementado por los “pro vida” contamina al conjunto de la cultura.

Una cultura de muerte quebrada en su más profunda estructura, es lo que han dejado como herencia y que lo vuelve, independientemente de cualquier pretensión de originalidad, una experiencia única en la marcha histórica. Suerte de marca imborrable que no abre hacia una región de nuestra identidad que preferimos olvidar.

  La cultura moderna fundada en los principios de la libertad y la autonomía de los hombres y mujeres, paridora supuestamente de una sociedad abierta hacia procesos de reforma capaces de doblegar la violencia inscripta en lo humano hasta literalmente forjar un nuevo tipo de humanidad liberada de su propio salvajismo y creadora de una verdadera convivencia democrática, ha “hecho posible” el advenimiento de una civilización en la que el nacimiento y la muerte se hayan vuelto una abstracción infinita.

 Seguir manteniendo la penalización como elemento represivo es darle un nombre a ese fracaso en toda la línea de las promesas de la modernidad ilustrada y su terrible sombra, compromete el futuro de nuestros pasos en la medida en que no seamos capaces respecto a lo que nos queda como elemento de reflexión y de lucha.

  El pecado de omisión no puede ser perdonado

 Los defensores de la ley, incluso los 13 senadores que la votaron afirmativamente, peregrinaron por salas y pasillos del Palacio para escuchar una palabra, una sola palabra de justificación por parte de “los 17” y regresaron cargando un silencio ominoso, un no decir, que para ello/as se volvió abyección. ¿Qué decía el silencio? Era una prueba dolorosa de la iniquidad, era la época de las omisiones y de la insustancialidad de las palabras, parecía que exigirles a “los 17” un descargo, que asumieran su responsabilidad, fuera un acto imposible y absurdo. No podemos liberarlos del pecado de omisión y ante tamaña obviedad solo queda una humilde retirada, ya nada se puede decir, las palabras quedaron vacías de contenido, solo debemos retener la voluntad de no olvidar, de mantener en la memoria este 4 de mayo como el día que se decretó que las mujeres no tienen derecho de defender su cuerpo, su moral y su intimidad.

 Más de uno de los senadores llevaron el tema hacia el terreno del orden moral. Pero el debate propuesto era de índole legal y por lo tanto no debió basarse en problemas de conciencia que la interrupción del embarazo plantea, y que es respetable, sino en la consideración del aborto como un hecho punible que castiga con penas de cárcel a las mujeres que se someten al mismo. Se debió hablar de leyes no de conflictos morales. No se debió entremezclar ambos enfoques si realmente se quería actuar sensatamente desde un ordenamiento jurídico democrático. El deber de un Estado laico es comprender la cruda realidad de las mujeres que se encuentran incapacitadas por múltiples motivos para afrontar su maternidad, y la respuesta no debe seguir siendo considerar a las mujeres como delincuentes.

 Lo religioso como elemento de presión

Pero hubo otro aspecto de la discusión que nos parece censurable y totalmente fuera de lugar. Incluir lo religioso como un elemento para satisfacer a buena parte de los asistentes a las barras, era salirse del libreto que normalmente manejan los senadores de la mayoría.

“mucho de nosotros creemos que hay un problema particular con respecto al papel de la religión en la definición de políticas públicas” ha dicho Frances Kissling en su paso por Montevideo, y ha agregado: “¿cuál es la solución que nos ofrecen los obispos? No nos están ofreciendo ninguna solución de ningún tipo. Están simplemente difundiendo un principio moral, que en la teología no siquiera tiene argumentos sólidos y no nos dan una salida para este dilema existente”.

  No podemos negar que nos asombró que varios senadores recurrieran a citas de autores y textos relacionados con la Iglesia católica. Cuando comenzó el tratamiento de la Ley de Salud Reproductiva, desde el Arzobispo de Montevideo hasta los colegios católicos y el pastor Marquez se entronizó una campaña mediática que se transformó en una fuerte presión sobre los senadores. Durante la sesión del dia 4 de mayo casi todos se encargaron de dejar bien claro que “ellos  no han recibido, ni aceptan presiones”. Sin embargo no sólo la Iglesia católica presionó, amenazó y fustigó, sino que hasta desde el senado norteamericano en una actitud de intromisión inadmisible se recibió una carta pidiéndole a los senadores que votaran en contra y diciéndoles “que quedaban a sus órdenes”. ¿ Sería para oír algún pedido compensatorio?

Nadie puede decir que “los 17” fueron permeables a esas presiones o sugerencias, pero no hay dudas que mirando de quiénes fueron esos votos, las dudas, sus discursos mediocres y las fundamentaciones que expusieron, no sería aventurado pensar que levantaron la mano mirando más hacia octubre que en la reivindicación del derecho de las mujeres a decidir de forma libre y responsable, como personas adultas, sin innecesarios y denigrantes tutelajes.

  El sacerdote Luis Pérez Aguirre fue un defensor de los derechos de la mujer, desde su libro “La condición femenina” y de los muchos escritos periodísticos, formó una línea de opinión sobre la libertad femenina, especialmente denunciando la situación esclavista de la mujer en la Iglesia católica. “De acuerdo – escribía -  con la actual doctrina internacional de derechos humanos, los derechos reproductivos, los derechos de las mujeres de tomar decisiones acerca de su comportamiento reproductivo, están estrechamente relacionados con unas condiciones que generalmente no se atienden desde la óptica del varón. Porque esas condiciones se vinculan primariamente con el cuerpo de la mujer y su comportamiento”.

  Vistos los argumentos de “los 17” es fácil comprobar que sus teorías estaban basadas o en una lectura superficial de la ley o con una mirada crítica desde sus culturas machistas. La Iglesia católica también pone énfasis en cerrarle las puertas a la mujer y con su fundamentalismo dicta leyes tratando de cuidar la doctrina, aceptando como verdad absoluta lo que los teólogos varones enseñan en sus cátedras.

Dios es varón desde la cultura bíblica, los sacerdotes son varones por una interpretación antojadiza de los escritos sagrados y la doctrina está fundamentada en una teología machista que viene desde el mensaje de San Pablo.

  El senador Correa Freitas citó a Tomás de Aquino,  el Cardenal Martíni y lo escrito por Pérez Aguirre, pero seleccionó una parte que sacado de su contexto dice lo que el senador quería que dijera y dejó en el tintero estas otras reflexiones de Perico que iluminan mejor su pensamiento: “Si aceptamos la noción de hacer justicia como el ajustar la realidad para que vuelva a ser humana en determinada circunstancia, es evidente que ajusticiar por medio de una ley que castiga el aborto no resuelve nada. No se reajusta nada porque no le da a la persona las posibilidades de vivir mejor y superar las circunstancias que la llevaron al aborto. Encarcelar a una madre de familia, como nos podemos imaginar, crearía unos problemas insolubles que tendrían como efecto casi automático la destrucción de los hogares. Aquí el castigo sólo añade un mal a otro que se pretende evitar. Si la penalización es inútil, todavía se podría pensar que la amenaza cumple una función disuasiva para impedir que se siga abortando. Pero eso es totalmente falso” (Brecha 13 / 5 / 94)

¿ Por qué los senadores no citaron estas sensatas palabras cuyo pensamiento salía desde la teología de género? ¿ Por qué citar a Tomás de Aquino cuya historia personal de fraile misógino ha hecho historia, o al Cardenal Martíni de Milán un fiel seguidor de las teorías sexistas de Juan Pablo II?.

 Se ha querido construir la utopía de un laicismo que ya no se practica en ningún país del mundo y los senadores uruguayos llenan el recinto con argumentaciones –oportunistas- religiosas y moralistas que nos retrotraen al oscurantismo del medioevo.

  Por eso hablar de la especificidad de la despenalización y de una nueva cultura sexual en nuestra sociedad, significa volver, una y otra vez, a confrontarnos con la existencia de esa culpa en nosotros, en nuestra sociedad, en nuestro lenguaje y también en nuestra cotidianidad e introducirnos en el tiempo del no saber y del no poder decir.

  La no -vigencia de la ley es el punto límite, el silencio de la palabra ante la barbarie absoluta que hemos contemplado con la perplejidad de una decisión maldita que han desplegado las fuerzas represivas desde el seno de esa misma lógica que hace estallar las fuerzas destructivas haciéndose cómplices de la maldad de un sistema creado para excluir, dejando a la mujer indefensa y atada al derecho jurídico del poder que se ampara en acuerdos electorales y en la aceptación de la violencia irracional.

  Para la mujer esto es el infierno y la sociedad no puede ya resistir esta focalización de la barbarie que deja en la trastienda las causas y ventila los efectos groseros y degenerativos de una decisión fundamentalista.

  Pero la fuerza demostrada por las organizaciones que defendieron la Ley, el ánimo sustentado luego del fracaso del 4 de mayo por las mujeres que estuvieron en el Palacio, la esperanza de retomar el camino andado y dar la pelea, nos permite tener puesta la fe en que no todo se perdió, que la opinión pública iba por un camino que no era evidentemente el recorrido por “los 17” y que cuando se den nuevas condiciones todos/as estarán unidos para recomenzar la tarea. 

 

Consejo Consultivo de CLADEM:
Carmen Antony
Susana Chiarotti

Graciela Dufau*
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Julieta Montaño
Silvia Pimentel
Giulia Tamayo
Roxana Vásquez
Cristina Zurutuza

* In Memorian
 


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