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¿POR QUÉ UNA DECLARACION DE DERECHOS HUMANOS DESDE UNA PERSPECTIVA DE GENERO?(*)

 

 

Mónica De las Casas A.

 

El siglo XX ha sido denominado el "siglo de los derechos" precisamente por el reconocimiento universal, indivisible e interdependiente que se le ha dado a los derechos humanos y que se encuentran plasmados en la Declaración Universal de 1948.

 

A pesar de este reconocimiento "universal" de los derechos humanos (por derivarse de la dignidad inherente a toda persona), en el caso de las mujeres encontramos al mismo tiempo una cultura que nos otorga un papel subordinado en relación a los varones, en una situación de desigualdad real que hace que no se puedan ejercer estos derechos en igualdad de condiciones (a pesar de encontrarse consagrada la igualdad jurídica) ni a nivel público ni a nivel privado. Así encontramos derechos permanentemente violentados como el derecho a una vida libre de violencia; falta de reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, escasa participación femenina en los ámbitos de decisión política y económica, entre otros.

 

Entonces, una primera razón para la existencia de una declaración de derechos humanos desde una perspectiva de género, es el aportar a una construcción más integradora de los derechos humanos, que lejos de restarle fuerza a la "universalidad" ayude más bien a eliminar el viejo paradigma del hombre, occidental, adulto, heterosexual y dueño de un patrimonio, que  en varias oportunidades ha generado la exclusión de determinados grupos sociales.

 

Somos conscientes que una propuesta como esta, que pertenece evidentemente al “discurso” de los derechos humanos no garantiza el cambio o la transformación social, además el razonamiento jurídico puede llegar a ser demasiado “simplista” en el sentido de no reconocer las relaciones de poder, habiendo incluso quienes señalan que son un desperdicio de energía o incluso en posiciones más extremas hasta “dañinas para las mujeres” pues se señala que el derecho es una profesión tradicionalmente conservadora y que ha sido utilizado por el patriarcado a lo largo de la historia para someter a las mujeres.

 

Sin embargo, a pesar de tener en cuenta la validez de las críticas, es innegable que el “discurso” de los derechos es un recurso táctico que permite que las desigualdades e injusticias puedan ser “reconocidas”, “nombradas” y todas y todos sabemos que la mención, el conocimiento y el reconocimiento (tanto internacional como local) es también poder.

 

Precisamente por ello, fue que el CLADEM entendió que 1998, año en el cual se cumplía el quincuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, era una especial oportunidad para que los Estados al momento de renovar su compromiso con el reconocimiento y vigencia de los derechos humanos, incorporasen las perspectivas y derechos que se gestaron en las últimas décadas del siglo XX, para educar en derechos humanos y para crear un ambiente favorable entre la población en cuanto a los derechos humanos de las mujeres.

 

Al mismo tiempo y dado que uno de los objetivos principales del CLADEM, como organización regional que articula los esfuerzos de trabajo en lo que se refiere a la condición socio‑jurídica de las mujeres, consiste en desarrollar una concepción alternativa del derecho, que responda a las necesidades reales de las mujeres, resultaba primordial la sistematización, organización y difusión de la información referida a la problemática de la mujer y sus derechos.

 

Por ello consideramos que el esfuerzo de gestar una Declaración de Derechos Humanos desde una perspectiva de género constituía una pieza fundamental para lograr el reconocimiento y ejercicio efectivo de nuestros derechos. Estas iniciativas forman parte de los esfuerzos de reflexión y acción que hemos desplegado las mujeres a lo largo de la historia encaminados a lograr el reconocimiento de nuestros derechos humanos y cuyo primer histórico contemporáneo se encuentra en la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, redactada por Olympia de Gouges y presentada por ella misma a la Asamblea Nacional francesa durante la revolución, por cuya defensa fue condenada a morir en la guillotina.

 

En años más recientes, diversos grupos de mujeres de todas partes del mundo continuaron la tarea de promover la aceptación y vigencia efectiva de nuestros derechos y libertades fundamentales, aportando por diferentes vías y medios a una reconceptualización global de los derechos humanos definidos como tales por la Declaración Universal.

 

En tal sentido, como parte del proceso que condujo a la Conferencia Mundial de Derechos Humanos realizada en Viena en junio de 1993, las mujeres de América Latina y el Caribe, coincidentemente con las de otros lugares del orbe, desarrollaron un conjunto de actividades cuyo objetivo primordial fue obtener la inclusión de los derechos humanos de todas las mujeres en un instrumento internacional de carácter general que acogiera explícitamente una ampliación y profundización de los conceptos y definiciones tradicionales en la materia.

 

CLADEM asumió el reto de contribuir a esta tarea y, tomando como base el proyecto de Declaración de los Derechos Humanos de las Mujeres redactado en el marco de la Conferencia Satélite La Nuestra (San José, diciembre de 1992), elaboró un primer borrador de documento que contenía las principales propuestas, que desde el movimiento de mujeres y con una perspectiva de género, se habían elaborado, incluyendo ya no sólo a las mujeres sino también a los varones pero desde una perspectiva integradora, visibilizadora y transversal.

 

Los sucesivos borradores preparados por CLADEM fueron objeto de consultas con numerosas y diversas organizaciones y personas de todo el mundo. Las mismas, con sus comentarios y sugerencias, a lo largo de un prolongado período de debate y maduración de seis años, enriquecieron mucho la propuesta inicial.

 

Si bien el objetivo original era promocionar la declaración y tratar de conseguir que el documento fuese aprobado por la Asamblea de las Naciones Unidas (que vale la pena mencionar escapaba por completo a nuestro control), la declaración siempre llevó implícita otra  intencionalidad, la de educar, sensibilizar y capacitar en derechos humanos, en general, y  desde una perspectiva de género a varones y mujeres, en particular.

 

En nuestra primera evaluación de la Campaña, en el año 1994, pudimos constatar que en amplios sectores de la población y grupos de base con los que habíamos trabajado, no se conocía la Declaración Universal de 1948.  Esto requería de nosotras trabajar con ambos instrumentos, la Declaración del 48 y nuestra propuesta, por ello al mismo tiempo que difundíamos la Carta básica de los derechos humanos, tuvimos la oportunidad de dar cuenta de los avances realizados por los pueblos en los últimos 50 años en cuanto a sus derechos humanos. En otras palabras, nuestra declaración y la campaña que se realizó como consecuencia, servía no sólo para visibilizar los derechos humanos de las mujeres, sino para educar en derechos humanos en un sentido amplio.

 

Esta primera evaluación nos reforzó a continuar con la Campaña de la Declaración simultáneamente en 17 países de la región, la misma que tuvo su etapa más intensiva en el propio año 1998, año en el cual se intensificó la campaña con fuertes componentes comunicacionales (6 spots para televisión, cuñas radiales, afiches, etc.) y se continuó con la recolección de firmas de apoyo al texto de nuestro documento.

 

Como resultado de la Campaña entonces, la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 fue divulgada, discutida y utilizada como herramienta de capacitación, conjuntamente con la propuesta de CLADEM de incorporar la perspectiva de género. De esta manera se posibilitó la realización de la mayor campaña de educación en derechos humanos promovida por grupos de mujeres en la región que se conociera hasta esa fecha. Los materiales resultaron atractivos al punto que permitieron involucrar multiplicadores impensados hasta la fecha. Como ejemplo podemos relatar que en Paraguay, los folletos y anuncios de la campaña de CLADEM fueron repartidos por las principales tarjetas de crédito junto con los resúmenes mensuales. Por otro lado, el 10 de diciembre de 1998, se entregó en Naciones Unidas el texto de nuestra Declaración, acompañado con cerca de 60.000 firmas de personas y organizaciones de todo el mundo, a la Sra. Angela King, Asesora en Asuntos de Genero del Secretario General.

 

Posteriormente a la entrega del documento, en marzo de 1999 una delegación de CLADEM se entrevistó con Patricia Flor, Presidenta en ese entonces de la Comisión para la Condición Jurídica y Social de la Mujer, para ver las posibilidades de impulsar la Declaración por intermedio de este organismo y ella nos planteó que se requería hacer una nueva revisión del texto para que no exista ningún artículo que sea una repetición del articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

El 6 de febrero del año 2001 se envía la versión final a la nueva presidenta de la Comisión Sra. Dubravka Simonovic pero luego de diversas gestiones se plantea que para que el texto se incluya como actividad de la Comisión probablemente termine con muchas modificaciones, pues se trata de una intensa negociación gubernamental.

 

Ante esta situación en noviembre del 2001 se realizó una discusión interna de CLADEM (en su Asamblea Trienal) para definir el futuro de esta actividad, el mismo que podía tomar dos direcciones:

 

a.      Continuar trabajando con el texto actual, con el que ustedes cuentan, promoviéndolo como documento alternativo o sombra a la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en cuyo caso las sub actividades y metas serían principalmente de difusión y capacitación.

 

b.      Presentación de la propuesta por parte de algún gobierno de la región a la Comisión para la formación de un grupo de trabajo para su discusión, tratamiento y presentación a la Asamblea General, en cuyo caso las actividades serían principalmente de coordinación con gobiernos y podría implicar negociaciones y probables recortes en el texto actual. Esta última alternativa implicaba, como ya adelantáramos anteriormente, que la propuesta escapara de nuestro control, pues dependeríamos mucho de las negociaciones y tiempos, tanto de los Estados comprometidos con la propuesta, como de las Naciones Unidas.

 

Frente a este dilema y luego de un proceso de consultas tanto al interior del propio CLADEM (que se realizó en la Asamblea de noviembre del 2001) como a otras organizaciones afines a la nuestra, concluimos que la forma de continuar promoviendo este documento era difundiéndolo como herramienta didáctica para interpretar y trabajar con la Declaración Universal de Derechos Humanos.

 

La razón de tomar este camino obedeció a que para nuestra organización es imprescindible que el documento no pierda su contenido actual, que ha implicado la participación y adhesión de miles de organizaciones de todo el mundo, especialmente de nuestra región.

 

No quiero dejar de mencionar que otra de las razones de la importancia de esta declaración está por el lado del contenido de la misma y de las áreas temáticas en las que incide, pues encontramos en ella, a contracorriente del modelo neoliberal imperante, los denominados derechos de tercera generación, es decir el derecho a un desarrollo humano, sustentable, respetuoso del medio ambiente; o, los derechos sexuales y los derechos reproductivos tan atacados en sociedades conservadoras altamente influenciadas por la iglesia católica, como lamentablemente lo son las nuestras. Sin embargo, sólo hago mención de ello, pues entiendo que esa es precisamente la materia de esta actividad, la idea es sólo brindar una pincelada de lo que luego se trabajará en mayor profundidad en los grupos de trabajo.

 

Esperamos pues que este taller contribuya a brindar una capacitación más integradora en materia de derechos humanos, en los cuales se use este documento como principal herramienta de trabajo y dejo la palabra a las compañeras colombianas que están llevando a cabo esta experiencia, que esperamos repetir en los 16 países de la región en los que actualmente contamos con articulaciones nacionales o enlaces.

 

 


 

(*) Para la elaboración del presente texto nos hemos basado en diversos documentos y proyectos de CLADEM elaborados tanto por las coordinadoras regionales Roxana Vásquez Sotelo 1987-1992 y Susana Chiarotti Boero 1992-2003, como por el equipo de la Oficina Regional de CLADEM y compañeras de CLADEM en los diversos países de nuestra región.

 

 

 

Consejo Consultivo de CLADEM:
Carmen Antony
Susana Chiarotti

Graciela Dufau*
María Antonia Martínez
Julieta Montaño
Silvia Pimentel

Ana Rivera
Giulia Tamayo
Roxana Vásquez
Cristina Zurutuza

* In Memorian
 


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