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Pronunciamiento ante el proceso de preparación de la IV Cumbre de las Américas.

 Buenos Aires del 7 al 9 de Setiembre del 2005


 

 

CLADEM es una red regional que tiene por objeto contribuir desde una perspectiva feminista a la construcción de democracias reales con justicia social, libres de discriminación, con ejercicio pleno de los derechos humanos, desde una perspectiva étnico racial. En el campo socio jurídico trabajamos en la promoción, vigilancia y defensa de los derechos humanos interdependientes e integrales de las mujeres.

 

 

Crear trabajo para combatir la pobreza y fortalecer la Democracia

 

El derecho al trabajo es parte indivisible de los Derechos humanos y demanda para su efectivo goce, el cumplimiento de todos los derechos económicos, sociales, culturales y políticos. Sostenemos que  la  igualdad y la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, son condiciones necesarias para “Crear trabajo para combatir la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática”.

 

El paradigma que supedita la política económica al imperio del mercado y al crecimiento económico, a costa del bienestar social, no puede ocultar ya sus nefastas consecuencias para la consolidación de nuestras democracias que demandan políticas activas e integrales de generación de empleo.

 

América Latina es la región más inequitativa del planeta, las mujeres constituimos la mayoría de sus pobres. Que el goce de los DESC no es equitativo es ya una evidencia que nadie puede refutar. Pero aun hoy, es necesario reiterar que ella se alimenta entre otras causas, en la discriminación que sufrimos por razones de género y que la misma se agrava cuando a ella se le superponen otras discriminaciones como las étnicas, raciales, de opción sexual, entre otras.

 

La división sexual del trabajo sigue asignando a las mujeres el trabajo doméstico no remunerado de amas de casa que sostienen la reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo, así como sustituye, en segunda jornada las tareas de cuidado a niños, enfermos y ancianos que se han visto acrecentadas como consecuencia del achicamiento del estado en materia de servicios de salud, seguridad social y vivienda. El trabajo doméstico es socialmente necesario, pero no es reconocido  en el PBI y no se registra en las cuentas nacionales.

 

Por sólo dar algunos ejemplos de discriminación que sufrimos las mujeres en el mercado de trabajo mencionamos:

  • El  16 % la fuerza de trabajo urbana femenina en la región está compuesta por 11 millones de mujeres que son empleadas domésticas, sometidas a condiciones laborales precarias, con los niveles más bajos de remuneración y con las menores protecciones legales y sociales.

  • La segmentación del mercado de trabajo femenino tanto vertical como horizontal se mantiene en la región, pese al avance de la inserción de las mujeres y niñas en el sistema educativo. Son potentes indicadores los mayores índices comparativos en materia de desempleo. Se mantiene la disparidad de salario entre hombres y mujeres[1]; violando disposiciones de instrumentos internacionales de carácter vinculante como la CEDAW[2] y las Convenios de OIT.

  • Persisten condiciones de informalidad e inestabilidad en los trabajos de las mujeres, principalmente las pobres y la mayor flexibilización laboral que afecta principalmente a las mujeres trabajadoras de maquilas y temporeras, que dificulta particularmente su acceso al derecho a la sindicalización. El menor acceso de las mujeres a los recursos productivos tales como tierra, tecnología, capital, etc.

  • Mientras que por un lado se sostiene que la maternidad, incluso aquella no querida, es nuestro destino irrenunciable; miles de mujeres de nuestra región son sometidas a groseras violaciones a los instrumentos internacionales que amparan la maternidad: son discriminadas en el acceso por sus condiciones de madres. Son sometidas a test de embarazo por las empresas y al acoso sexual; sin que los estados signatarios amparen debidamente sus derechos.

 

Las Cumbres de las Américas

 

Desde 1994 las Cumbres de las Américas han sido un escenario privilegiado para impulsar  y legitimar el ALCA, que ha sido fuertemente criticado por la mayoría de los países latinoamericanos, razón por la cual aun no ha sido suscripto y diversos tratados de libre comercio, que aunque en diversos grados y con diferentes modalidades, tienden a debilitar el cumplimiento y goce de los derechos humanos.

 

Nos encontramos a pocos días de que se celebre la IV Cumbre de las Américas y por ende la última de las acordadas, sin que aún se hayan instrumentado mecanismos eficientes y transparentes que permitan a los estados y a sus pueblos hacer el seguimiento y la evaluación del cumplimiento de los acuerdos alcanzados en sus respectivas declaraciones y planes de acción.

 

No obstante se hace evidente que muchos de estos compromisos no pasaron de las palabras a la acción, lo que hubiera producido mejoras sustanciales en las condiciones de vida de millones de mujeres y hombres en las Américas, asegurando el cumplimiento de las metas del milenio.

 

Las Cumbres han insumido cuantiosos recursos de los estados miembros, de los organismos de cooperación internacional, del propio presupuesto de la OEA y hasta de las organizaciones de la sociedad civil. Paralelamente se han debilitado los mecanismos de derechos humanos del sistema interamericano. Dado que existen recursos, es necesario reforzar los mecanismos de Derechos Humanos previstos y existentes en la OEA, tales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de la Mujer (CIM).

 

Pese a las críticas a este proceso, el mismo está en marcha, y no podemos obviar este dato. El lema que convoca a esta cumbre, nos convoca a nosotras, mujeres latinoamericanas y caribeñas, para reivindicar derechos conquistados y vulnerados por largo tiempo y para exigir que la IV Cumbre de las Américas reafirme los compromisos asumidos ante la Comunidad internacional e instrumenten un plan de acción con una perspectiva transversal de género considerando las diferencias existentes en todas las regiones del continente. Cumplan con los mandatos y compromisos asumidos principalmente en las Conferencias de Población y Desarrollo del Cairo (1994), Conferencia sobre Derechos Humanos de Viena (1993), y la Conferencia Mundial de la Mujer Beijing (1995), Conferencia sobre el racismo y la xenofobia y toda forma de discriminación Durban, entre otros.

 

Para que la IV Cumbre de las Américas trascienda meras declaraciones será necesario que los estados se comprometan con un Plan de Acción que incluya: 

  1. Que los estados prioricen el respecto irrestricto de los derechos humanos de las mujeres en los diversos procesos de integración y tratados de libre comercio que firmen.

  2. Deroguen las legislaciones discriminatorias hacia las trabajadoras tal como lo establece el artículo 11 de la CEDAW y diversos Convenios de la OIT.

  3. Incorporen la perspectiva de género en la legislación, diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas.

  4. Diseñen e implementen políticas sociales integrales que no sólo atiendan a los indigentes sino que eviten que la población caiga por debajo de la línea de pobreza.

  5. Aseguren empleo en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres. En este sentido, deben erradicarse las condiciones culturales, económicas y sociales que sostienen la inequidad.

  6. Promuevan el acceso a la formación, al empleo, a la promoción, a la organización y a la toma de decisiones, y lograr la igualdad de condiciones en lo que se refiere a salarios, ventajas, seguridad social y prestaciones de carácter social que van ligadas al empleo.

  7. Incorporen a las estadísticas y al sistema de cuentas nacionales el valor del trabajo doméstico no remunerado que realizan las mujeres y promuevan prácticas de distribución equitativa de las tareas reproductivas entre hombres y mujeres a través de políticas públicas que apunten a modificar los patrones socioculturales sexistas.

  8. Deroguen todas las disposiciones discriminatorias en su legislación e instrumenten mecanismos efectivos de acceso a la justicia.

  9. Garanticen los Derechos Sexuales y Reproductivos, asegurando el derecho a decidir sobre los propios cuerpos, castigando el acoso y abuso sexual de las mujeres trabajadoras.

  10. Adopten legislaciones e implementen políticas públicas destinadas a la prevención, sanción y erradicación de todas las formas de violencia y discriminación basada en el género contra las mujeres.

  11. Garanticen mecanismos de seguimiento y monitoreo del cumplimiento de los compromisos asumidos con participación activa de la sociedad civil.

  12. Fortalezcan los mecanismos de Derechos Humanos de la OEA, asignando recursos suficientes a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de la Mujer (CIM).

 


[1] Convenio OIT Nº 100.

[2] Art. 11: “Los Estados partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra las mujeres en la esfera del empleo con el fin e asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, los mismos derechos, en particular...d) el derecho a igual remuneración, inclusive prestaciones y a igualdad de rato con respecto a un trabajo de igual valor, así como igualdad de trato con respecto a la evaluación del trabajo...”

 

Consejo Consultivo de CLADEM:
Carmen Antony
Susana Chiarotti

Graciela Dufau*
María Antonia Martínez
Julieta Montaño
Silvia Pimentel
Giulia Tamayo
Roxana Vásquez
Cristina Zurutuza

* In Memorian
 


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