La Campaña #EmbarazoInfantilForzadoEsTortura, nace desde la necesidad de El Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer - CLADEM de optimizar, modificar, crear e implementar herramientas jurídico-feministas y exigir el cumplimiento de las leyes en los distintos casos en donde las vidas y el desarrollo pleno de las niñas están sujetos a intervenciones que no velan por su bienestar. CLADEM, como una red feminista que trabaja para contribuir a la plena vigencia de los derechos de las mujeres en Latinoamérica y el Caribe, utiliza el derecho como una herramienta de cambio. La organización regional articula a personas y organizaciones no gubernamentales de América Latina y el Caribe para la promoción, vigilancia y defensa de los derechos humanos interdependientes e integrales de las mujeres desde el campo socio-jurídico, con una perspectiva feminista, en una dinámica que interconecta los planos locales, regionales e internacionales.

Tal como lo hemos definido en el Balance Regional Niñas Madres, “un embarazo infantil forzado se produce cuando una niña queda embarazada sin haberlo buscado o deseado y se le niega, dificulta, demora u obstaculiza la interrupción del embarazo. El embarazo forzado puede ser producto de una violación sexual o producto de la falta de educación en sexualidad, o habiéndola tenido no pudiendo acceder a métodos de prevención de los embarazos y de anticoncepción de emergencia. En ambos casos hay responsabilidad de los Estados; en el primero, por no haber prevenido la violencia sexual contra las niñas y en el segundo, por no haberlas provisto de las herramientas necesarias para prevenir un embarazo”. (www.cladem.org, 2016) La maternidad es forzada cuando no fue buscada ni deseada, en el caso de las niñas menores de 14 años, sucede generalmente cuando se le impone ser madre. El indicador más claro de que no desea ser madre es su deseo de interrumpir el embarazo. La preocupación de las niñas en cuanto a su situación se debe –en la mayoría de los casos- a una obstaculización de los procesos en las distintas áreas del desarrollo pleno de una persona; puesto que, a diferencia del embarazo, que dura habitualmente 9 meses, la maternidad es un compromiso a perpetuidad; transforma para siempre la vida desde el punto de vista físico, psíquico y social; altera las posibilidades de educación, acceso a recursos económicos y afecta las relaciones sociales de la niña no sólo al interior de su familia sino con su entorno.

En aquellos casos en que el embarazo fue producto de violencia sexual y se prohibió su interrupción, al momento en que la niña se convierte en madre se han cometido tres tipos de violaciones a sus derechos humanos: la primera, imponiéndole una relación sexual no deseada que violó su libertad sexual; la segunda, al obligarla a llevar a término un embarazo que no buscó y la tercera, al obligarla a ser madre contra su voluntad. Los resultados del Balance Regional de las Niñas Madres demuestran que, en general, no existen programas específicos para niñas menores de 14 años embarazadas o madres. Sin embargo, la mayoría de los países cuenta con algún programa para adolescentes embarazadas, implementado a través de las áreas de salud, educación o desarrollo.

Uno de los enfoques principales de la campaña es también recalcar la importante diferenciación de los conceptos de embarazo y maternidad infantiles y, embarazo y maternidad adolescentes, lo cual se considera crucial al momento de crear figuras jurídicas y/o agravantes. “Para la mayoría de los organismos gubernamentales e intergubernamentales, la etapa de la adolescencia va desde los 10 a los 19 años, pero los conceptos engloban situaciones diferentes según cada tramo de edad. No es lo mismo vivir un embarazo a los 17 o 18 años que a los 9 o 10. Tampoco se puede comparar la maternidad a los 18 años con una maternidad a los 11.” (www.cladem.org, 2016)

Buscamos visibilizar el patrón de abuso sexual y embarazo infantil forzado a nivel regional, monitorear el rol que cumplen los Estados en cuanto a la prevención, protección de derechos de las niñas, demandando prevención, sanción, erradicación y garantías de no repetición. Mediante la visualización de los distintos casos, se demuestra así mismo la inmediata necesidad de educación integral en el sistema escolar.

Los embarazos infantiles forzados son síntomas que nos muestran la situación de las niñas –y las mujeres en general– en los países estudiados. Revelan, entre otras cosas, el nivel de violencia, falta de autonomía, discriminación y apropiación del cuerpo de las niñas por parte de los varones adultos, incluyendo a los de su entorno familiar y social.

Con la campaña no solo se pretende visualizar el embarazo infantil forzado, sino también advertir su continuación, lo cual implica absorber la realidad que dictamina que existen las maternidades infantiles forzadas, a las que las niñas son sometidas y que exhiben la ineficacia de las políticas estatales de prevención. En aquellos países donde no hay programas de educación sexual ni acceso a anticonceptivos y donde se prohíbe la interrupción del embarazo, el control de los cuerpos de las niñas se traslada al Estado, que continúa ejerciendo sobre ellas la violencia patriarcal, hasta lograr que sean madres.

La maternidad es forzada cuando no fue buscada ni deseada. Cuando esto sucede a una niña menor de 14 años, se está ante una maternidad infantil forzada. El deseo de la mujer o la niña de interrumpir el embarazo es el indicador más claro de que no desea ser madre.

La Convención sobre la tortura prohíbe aquellos actos que generen sufrimiento o dolor físico o mental, infligido por o con el conocimiento de una autoridad pública por razones basadas en cualquier tipo de discriminación. El Comité Contra la Tortura (CCT) ha reconocido en varias de sus recomendaciones que existen violaciones de este tipo relacionadas con la discriminación a la mujer. CLADEM considera que obligar a una niña que no ha terminado de crecer a llevar a término un embarazo, ser madre y criar a un bebé debe ser calificado como tortura o trato cruel, inhumano y degradante, y según los casos, en los términos de la Convención de la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. (Resumen Ejecutivo, 2016)

El embarazo tiene consecuencias inmediatas y a la vez duraderas para las niñas. Es decir, además de las consecuencias inmediatas sobre su salud, educación y situación dentro de la comunidad, se alterarán para siempre sus relaciones sociales, posibilidades de desarrollo y el potencial de generación de ingresos. El riesgo de muerte materna para las madres menores de 15 años en países de bajos y medianos ingresos es el doble que el de las mujeres de más edad; y se enfrenta a mayores tasas de fístula obstétrica que sus compañeras de más edad. Las consecuencias en la salud física tienen relación con el escaso desarrollo debido a la edad, ya que la niña aún está en edad de crecimiento. Una de las características del embarazo es que la placenta se nutrirá de la madre, y en estos casos, que en realidad son niñas; significa que el feto en desarrollo absorberá calcio y otros nutrientes de ellas que todavía los necesitan para sí mismas.

Asimismo, en relación a la salud mental, una proporción importante de niñas y adolescentes que dieron a luz informaron síntomas de depresión, ansiedad y, en particular las que fueron atacadas sexualmente, de estrés post-traumático. Tanto en Perú como en Nicaragua, el 7-14% de las participantes informaron haber contemplado el suicidio durante el embarazo.

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En el marco del Día Internacional de Acción por la Salud de la Mujer, El Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM) lanza la campaña "Embarazo Infantil Forzado es Tortura" la cual nace desde la necesidad de modificar, crear, optimizar e implementar herramientas jurídico-feministas y exigir el cumplimiento de las leyes en los distintos casos en donde las vidas y el desarrollo pleno de las niñas están sujetos a intervenciones que no velan por su bienestar.